ROSAS BLANCAS , (Gore Erótico).de la autoría de Javier Salinas


Todas las noches me trae rosas blancas, para luego arrancarles el pellejo y cubrirlas de sangre,
ese sabor salado, casi metálico, que fluyendo en nuestras bocas las lenguas enredan,
en nuestro festival dantesco de sexo, saliva y masacre.
Ah ! , que sería del placer sin la violenta pasión que funden nuestros cuerpos, el fluido rojo
cubriendo tus pechos, que chupan​ mi boca, en la sed granate .
Mi amor es una bestia, rendida al instinto, mi dama roja lo sabe,
y cuando el sol muere por el tajo afilado de la luna curva, que corta su cuello para que el horizonte
se lo trague, mi Serezade embruja a las parejas que deambulan en la oscuridad de las calles,
inocentes ciegos que hechiza su voz, apuestos y bellas, ardientes de deseo,
fluidos, semen, y carne manifestándose
Y los atrae zalamera, diosa de curvas en su contoneo babilónico, prostituta hija de Sodoma,
que rezuma sexo entre sus muslos, ambrosía de vulva en su clítoris anhelante que promete promesas.
Después llama a mi puerta, orgullosa de su buen gusto con las presas, elegidas por su belleza,
sus tersas pieles, latientes deseos en sus frágiles huesos, bocas tragando un gemido de lo que esperan,
les aguarde en la noche que suspira expectante sus horas muertas.
Yo, invito a entrar a mis queridos desconocidos en actitud caballeresca, mi dama nos presenta,
él, ardiente en el fuego mientras Serezade se toca despacio los muslos que con ansia se observa,
le coge con suavidad la mano, lo atrae a un roce de su boca, las palabras son sortilegios,
y elegantemente le besa el cuello, mientras su mano derecha manosea delicada su excitado
miembro erecto,que busca ser libre de la cremallera, les dejo que se conozcan en las sombras,
e investiguen en su espacio secreto las dádivas de la piel agasajada por dedos y lenguas.
Mientras, yo me centro en la otra invitada. Ella, perdida ya en mis ojos, que delatan su profundidad
como una sima inmensa. La agasajo con cortesía me acerco levemente escuchando su corazón
tan rápido¡ latiendo su joven vida, agitando sus pechos, erizando los nódulos carnosos de los pezones
 que duros, sensibles a la fina camiseta de seda, llaman al calor de mi tacto, conocedores de juegos
y sus sutilezas, mis dedos acarician los relieves de sus labios, el índice abre su boca, lo introduzco,
lo saco para bañarlo en la humedad de su lengua, después desciende, lubricado de sus fluidos,
para pellizcar la cima de su carnoso genital, y en un movimiento circular estimular el clítoris
hasta la matriz, dejándola indefensa en el suspirar de un gemido, mientras, con la mano izquierda
atenazo su cuello forzando el impetuoso saludar de nuestros labios y alientos,
en un agitar de la respiración compulsiva que eriza hasta el cabello.
Los cuatro nos desnudamos bajo la tenue luz, y la luna curiosa, esparce sus ojos
de plateada luminiscencia, voyeur del reflejo en penumbra de curvas rozadas a su concupiscencia,
 espectadora muda de los placeres carnales, sus devaneos y experiencias.
_Pídemelo _ le murmuro _ y buscaré tu cielo.
En todo su esplendor, ella se recuesta en la cama, yo, desciendo hacia sus temblorosos muslos,
mientras Serezade, a unos centímetros de mí, hace lo mismo con su opuesto, despacio, pero
con firmeza, entro en su ofrecido templo, la punta de mi lengua palpa esa humedad,
que su genital eyacula en glándulas y fluido desde las paredes vaginales, aguas en combatientes olas
 de placer, tormentas del arrecife que buscan las costas de mi boca para ser marea llena,
líquido pre seminal que fustiga al corcel de la testosterona, en las bridas de un orgasmo,
y de improviso, un grito a los cielos, cabalgando su clímax hasta estallar en rayo.
Pero algo, la sorprende en esa última exhalación, una incisión que entra suave, en su carne,
un ligero pinchazo, inclina el rostro, aún envuelta en sudor y temblor ausente, nos miramos
desde nuestras íntimas distancias, donde brillan mis colmillos puntiagudos aún rondando
bajo su vientre, no sabe que pensar, y un primitivo instinto, le susurra en la mente el porqué
la humanidad teme a la noche y lo que habita en sus sombras.
_Shhh! , _le murmuro suavemente, _es una descortesía no devolver el placer que te ha sido
con generosidad entregado, ahora me toca a mí recibir los tesoros que tan amablemente he ofrendado .
Antes de que su boca incidiera en el grito y su amago, con velocidad felina atrapo su lengua
en mi beso, mientras de una mordida se la arranco, de su carne seccionada brota cálida la sangría que
 mi garganta traga, un leve atisbo de piedad me invade por un momento,
y entierro los pulgares de mis manos en sus ojos, la oscuridad es piadosa con los ciegos, al reventar,
una masa blanquecina se derrama por ellos, sin voz, sin visión, sólo queda el sistema nervioso
y sus impulsos eléctricos, de reojo, observo a Serezade, ella es más brutal,
fruto de su herencia cultural Maya, arraigada desde hace milenios, cuando yo le ofrecí la vida eterna
 y convertida en la esposa del Dios de la sangre, entró a caminar a mi lado, y aunque los años pasan
la personalidad tan profunda en sus raíces no cambia en las edades del tiempo,
su empirismo se adapta poco a los milenios.
Ella, estira sus falanges, y las uñas se alargan crueles como el acero, enterrándolas en las costillas
del desdichado, partiéndoselas cuando introduce toda su mano, le gusta oírlos gritar, mientras primero
 rebusca en el cuerpo para sacarles los intestinos, que salen como una serpiente sin pellejo, a la par
 que asciende hasta asir el corazón, desprendiéndolo de sus arterias y la piel que lo habían guardado
 en sus adentros, un torrente de sangre la inunda, mientras con el órgano vital en las manos,
desea sentir ese último latido, el pulsado instante, en los estertores del tránsito, devorarlo con la boca
 sedienta, cruel !, como los ritos de sus antepasados, tragando esa fina línea entre la vida y la muerte
 en el instante de una décima ofrecida a aquellos mitos paganos.
Después, sólo queda el silencio, y el gorgoteo cada vez más débil de los fluidos escapando
de los cuerpos inertes, exánimes, carcasas inútiles, sus líquidos tintando la cama,
pintando nuestras desnudez en la penumbra de sus improntas, lo que fuimos, lo que somos y seremos .
Nos miramos, brillantes en las granates sangrías que visten las pieles, y por un fulgente instante
nos vemos realmente; Lascivos, sedientos, bellos animales de carnes tersas, inmortales,
que se buscan las bocas en sus besos sangrientos.
Nos tocamos ardiendo en las fiebres del deseo, y como bestias mitológicas,
 fornicamos, montados en nuestros sexos, feromonas, testosteronas,
en un circuito de genitales y orgasmos yuxtapuestos.
Mi querida hembra, tú, que traes las rosas blancas para arrancarles el pellejo, sangrando sus espinas,
desmembrando sus pétalos, para que la fragancia acaricie la noche con sus aromas secretos.
Dime !,conoces la naturaleza salvaje?, del depredador que ronronea las noches por su jardín secreto.
Que poético idilio con la obscuridad, cuando el amor es sincero,
como el color de la sangre en nuestros besos..

AUTOR : JAVIER SALINAS

12 comentarios:

  1. Gracias brother , me divertí mucho escribiéndola , aunque no entro en concurso , me apetecía dejar un erótico gore

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  2. Cuanta creatividad! Mi saludo con ojos rojos y toooo!

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    1. Gracias , los ojos rojos son bien agradecidos , es un color que da vida a el corazón bombeando sangre ,

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  3. Jooo mi amigo usted es un maestro 👏👏👏👏

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    1. Muchas Gracias , soy víctima de mi loca mente😁👍

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  4. *Gore Perdiendo las Formas*...🌹

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    1. Perder las formas , es el exquisito resultado de no poner barreras al deseo , gracias Irina, te mando un sangrante beso

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Madre mía cuanta pasión, es bestialmente apasionado este texto , me encantó.

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    1. Gracias María , quise ponerle un poco de erotismo al gore , al fin y al cabo , somos hijos de nuestros instintos

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